Las relaciones de Argentina con Rusia: Armas, aviones, vacunas y caricias

Pablo Portaluppi

Tenemos que ver el modo en que Argentina se convierta en una puerta de entrada para que Rusia ingrese a América Latina de un modo más decidido”.

El Presidente Alberto Fernández se reunió durante la semana que pasó con su par de la Federación Rusa, Vladimir Putin, en Moscú, en el marco de la gira que inicio el último 1 de febrero y que continuará por la República Popular China y Barbados. Delante del mandatario ruso, pronunció aquella frase.

Más allá del momento altamente inoportuno de su declaración, en verdad las palabras del presidente argentino dejan al descubierto los fuertes vínculos ya existentes entre el país y Rusia, y que fueron consolidados durante los gobiernos kirchneristas. La llegada masiva de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus fue solo una etapa de aquel vínculo.

En ese sentido, no se puede dejar de mencionar la visita de Vladimir Putín a la Argentina en julio de 2014, durante el segundo mandato de la actual Vicepresidente Cristina Kirchner. Una relación que se vio reforzada con el viaje de la por entonces mandataria a la Federación Rusa los días 22 y 23 de abril de 2015, donde se firmó el “Acuerdo de Integración Estratégica” entre ambos países, el cual estableció diversos planes de acción para la cooperación argentino-rusa en campos como el económico, el comercial, el científico, el militar, el medio ambiente, el minero, las comunicaciones, pesca y agricultura, y cultural, entre otros. Pero de entre todos, se destacó especialmente el del ámbito castrense.

Pero convendría también repasar otras cuestiones. En pleno conflicto con los llamados “fondos buitres” durante 2014, una delegación de legisladores argentinos liderados por el entonces presidente de la Cámara de Diputados, el oficialista Julián Domínguez, viajó a Moscú para buscar apoyo ruso en la batalla judicial contra los “hold outs”.”Apoyamos a la Argentina en el objetivo de saldar su deuda”, aseguraba por aquellos tiempos el canciller ruso Sergei Lavrov, brindando el respaldo solicitado.

Ya antes, Rusia había reiterado su apoyo histórico al reclamo de nuestro país por la soberanía de las Islas Malvinas. Los gestos fueron recíprocos: Rusia agradece el apoyo de la Argentina en el caso de Crimea”, declaró el embajador ruso en Buenos Aires, Víctor Koronelli, luego de que el gobierno argentino se abstuviera de condenar la anexión de la península ucraniana en la Asamblea General de las Naciones Unidas, también en 2014.

Argentina no solo se abstuvo (al igual que Brasil y otros países de la región). La entonces primera mandataria y actual Vicepresidente Cristina Kirchner criticó el “doble estándar” de las grandes potencias por rechazar el referendo en Crimea que aprobó la anexión a Rusia cuando antes habían aceptado un referendo similar realizado entre los habitantes de las Malvinas y que confirmó que éstos querían seguir siendo parte de Reino Unido. La postura de la ex presidente fue agradecida personalmente por Putin a través de un llamado telefónico.

El 7 de diciembre de 2021, el presidente Alberto Fernández compartió un almuerzo de trabajo en la Casa Rosada con una delegación de empresarios rusos liderada por autoridades del Fondo Soberano Ruso de Inversión Directa (RDIF), que financió la producción de la Sputnik, “para explorar oportunidades de inversión en diferentes sectores de la economía argentina y fortalecer el acuerdo de cooperación estratégica bilateral”.

En esa oportunidad, el embajador argentino en la Federación Rusa, Eduardo Zuain, comentó que “hablaron representantes de empresas de energías renovables, mineras, de turismo” y dijo que el mandatario argentino “se mostró abierto a todas las posibilidades que las empresas presentaban y proponían”.

En paralelo, y por la misma fecha, el secretario de Asuntos Internacionales para la Defensa, Francisco Cafiero, primo del actual canciller Santiago Cafiero, viajó a Moscú para potenciar la cooperación militar y explorar la posibilidad de incorporar material bélico de este país, donde mantuvo una reunión con el viceministro para la Cooperación Militar InternacionalAlexander Fomin, y otras altas figuras de las fuerzas armadas del gigante euroasiático.

Según informó el diario El Cronista, “Cafiero estuvo acompañado por oficiales de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) interesados en avanzar negociaciones para la compra de aviones de caza supersónicos”.

El comercio de armamento implica para Rusia una relevancia económica, social y política“, como explicó “Chatham House”, el Instituto Real de Asuntos Internacionales de Reino Unido, en un informe de 2017 titulado El rol de Rusia como exportador de armas.

El trabajo consignaba que el rubro armamentístico es uno de los pocos sectores más avanzados tecnológicamente, siendo “una de las contadas industrias de manufactura que sobrevivió a la caída de la Unión Soviética, manteniéndose como una fuente de empleo relevante”. Tal afirmación la respaldaba con contundentes datos: “Da trabajo a 2,5 millones de personas, el 3% de la fuerza laboral rusa”.

Así mismo, el estudio señalaba que la venta de armas al exterior, en verdad, “cumple un papel geopolítico, pues permite a Rusia alcanzar una amplia gama de objetivos de seguridad nacionales”, reforzando de ese modo “su imagen como potencia global, mantener una política exterior independiente, expandir su influencia en las regiones a las que puede exportar armas e iniciar y fortalecer relaciones de defensa”.

De acuerdo a un informe de la BBC emitido en 2019, “Moscú empezó a ver a América Latina como un área de creciente importancia económica a partir del año 2003, y reanudó la venta de armamento y equipamiento militar con más intensidad a partir del año 2004, cuando Vladimir Putin visitó México, Chile y Brasil”.

Laventa de armas y los negocios en el sector energético han sido las bases principales del regreso de Moscú a la región. “Ese es un paradigma de Rusia: primero empieza a vender armas, luego introduce otros productos económicos, y luego empieza a intentar ejercer influencia política a través de los medios de comunicación y obviamente a través de contactos a nivel diplomático”, afirma el documento.

Venezuela ha sido un comprador importante de armamento ruso, y con este país Moscú tiene además importantes acuerdos energéticos. Entre 2009 y 2013, el país sudamericano fue el quinto mayor destino de armas rusas.

En julio de 2008, la Federación Rusa definió varios objetivos estratégicos con esta parte del mundo, entre ellos, ampliar la cooperación política y económica con Argentina, además de México, Cuba, y Venezuela, para favorecer sus exportaciones, principalmente de armamentos. Entre 2004 y 2009, la presencia de material bélico áereo y naval en América Latina se había incrementado en un 900% respecto al período 1999-2003. Y si bien desde entonces se observa un declive en la curva, la misma nunca dejó de crecer.

Sin embargo, en este rubro Rusia ha tenido que enfrentar la competencia de China, que es un proveedor de armamento cada vez más importante en la región. El país gobernado por Xi Jinping fue la segunda escala de Alberto Fernández en su reciente viaje.

Cabe destacar un dato. Los mayores socios comerciales de Rusia en la región no son Venezuela, ni sus tradicionales socios políticos -Cuba y Nicaragua, sino que los mayores intercambios se concentran con Brasil, México y Argentina.

Según la BBC, “las importaciones rusas de los países latinoamericanosse concentran en el sector alimentario, mientras que Rusia exporta a América Latina armas y equipamiento militar, petróleo, fertilizantes, aluminio, hierro y carbón, con la excepción de México, al que exporta trigo”. Y concluía que “la administración Putin no tiene mucho que ganar en términos comerciales. El factor valioso aquí está en esta cuestión geoestratégica y geopolítica de reposicionar a Rusia y de contrarrestar la influencia de EE.UU.”

También China aparece en otro proyecto, justo en momentos en que Argentina decidió sumarse a la Ruta de la Seda propiciada por el gigante asiático. En enero de 2020, el Gobierno de Vladímir Putin reflotó su intención de desarrollar el proyecto para reactivar el servicio del Tren Norpatagónico, que prevé unir la localidad neuquina de Añelo (corazón de Vaca Muerta) con el puerto de Bahía Blanca.

El objetivo de este proyecto de transporte es sextuplicar la cantidad de cargas transportadas en tren a Vaca Muerta, pasando de 700.000 toneladas anuales a 4,1 millones en 2030, de productos como arena, tubos sin costura, frutas, materiales de construcción, metanol y alimento balanceado, entre otros.

Pero a mediados de 2021, trascendió que se firmó un memorando con la empresa CMEC (China Machinery Engineering Corporation), integrante del holding estatal Sinomach, el tercer contratista más grande del mundo en proyectos de energía. Por lo que ya están en marcha estudios de ingeniería y el Plan de Gestión Ambiental.

El Norpatagónico, como se dijo, permitiría a Vaca Muerta duplicar la cantidad trasladada de productos e insumos básicos, como la arena necesaria para el fracking, tuberías, cemento, baretina (mineral para mezclar y obtener concreto), entre otros.

Pero el tren no se limitará solamente a beneficiar a la actividad petrolera y gasífera. También se podrán transportar, según se informó oficialmente, derivados de explotación minera del sur de Mendoza (potasio) y productos de las economías regionales, como la explotación frutícola.

Según datos del INDEC, China es el segundo socio comercial de la Argentina, solo por detrás de Brasil. Representa el 8,1% del total de las exportaciones, pero es el principal país del que se importa, con el 21,4% del total.

Por su parte, durante 2021 el intercambio entre Argentina y Rusia sumó US$1.331 millones, lo que refleja un aumento del 71% respecto a 2020.

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